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Hernia discal: Conoce sus causas y tratamiento

En este artículo, vamos a hablar sobre la hernia discal, una de las afecciones más comunes y molestas de la columna vertebral. Explicaremos qué es una hernia discal, cómo se produce, cuáles son sus síntomas, las opciones de tratamiento disponibles y, sobre todo, cómo la fisioterapia puede ayudar en la recuperación. Si has estado buscando respuestas claras y completas sobre este tema, estás en el lugar correcto. ¡Vamos a ello!

¿Qué es una hernia discal?

Una hernia discal ocurre cuando uno de los discos intervertebrales, que actúan como amortiguadores entre las vértebras de la columna, se daña y su núcleo pulposo (la parte interna gelatinosa) se desplaza hacia el exterior. Este desplazamiento puede ejercer presión sobre los nervios cercanos, causando dolor y otros síntomas.

Los discos intervertebrales son estructuras esenciales que permiten la movilidad y flexibilidad de la columna vertebral. Están compuestos por dos partes: un anillo fibroso externo y un núcleo pulposo interno. La hernia se produce cuando el anillo fibroso se debilita o se rompe, permitiendo que el núcleo pulposo se desplace.

¿Cuáles son las causas de una hernia discal?

Las hernias discales pueden tener diversas causas, y es importante conocerlas para poder prevenirlas y tratarlas adecuadamente.

  • Degeneración del disco: Con el envejecimiento, los discos intervertebrales pueden perder parte de su contenido de agua, volviéndose menos flexibles y más propensos a romperse con movimientos o esfuerzos cotidianos.
  • Lesiones y esfuerzos: Levantar objetos muy pesados, la combinación de peso y movimientos bruscos, o incluso también caídas pueden causar una hernia discal. Los esfuerzos repetitivos o una postura incorrecta durante largos períodos también aumentan el riesgo de padecerla. 
  • Factores Genéticos: La predisposición genética puede jugar un papel en la debilidad de los discos intervertebrales, haciendo a algunas personas más susceptibles a desarrollar una hernia discal.
  • Estilo de Vida: El sedentarismo, la obesidad y el tabaquismo son factores que contribuyen al deterioro y aumentan la probabilidad de sufrir una hernia.

¿Cuáles son los síntomas de una hernia discal?

Los síntomas de una hernia discal varían dependiendo de la ubicación del disco afectado, el tipo de desplazamiento discal y la presión que éste puede ejercer sobre los nervios. A continuación, te explicamos los síntomas más comunes:

  • Dolor en la espalda: El dolor en la zona afectada de la columna es el síntoma más frecuente. Puede ser un dolor constante o agudo que empeora con ciertos movimientos de la columna. El tipo de dolor puede variar y puede ser punzante. Sin embargo, no todas las hernias discales cuadran con dolor. Algunas de ellas no cursan con dolor. Eso quiere decir que, perfectamente, una persona puede tener una hernia totalmente indolora y que no le genere repercusión en su vida cotidiana. 
  • Dolor radicular: Este es el dolor que se irradia desde la columna hacia otras partes del cuerpo, como brazos o piernas, dependiendo de la ubicación de la hernia. Por ejemplo, una hernia en la región lumbar puede causar dolor que baja por la pierna (ciática). Sin embargo, hay sintomatologías que pueden parecerse entre ellas. El dolor de ciática, frecuentemente puede confundirse con síndrome piramidal. 
  • Debilidad muscular: La presión sobre los nervios puede provocar debilidad en los músculos inervados por esos nervios. Esto puede dificultar la realización de tareas cotidianas, fatiga o incluso dolor muscular. 
  • Entumecimiento y hormigueo: Sensaciones de entumecimiento, hormigueo o ardor en la zona afectada y las áreas conectadas por los nervios presionados.
  • Pérdida de reflejos: Sólo en algunos casos, puede haber una reducción de los reflejos en las áreas afectadas, como los reflejos tendinosos.

¿Cómo se diagnostica una hernia discal?

El diagnóstico de una hernia discal comienza con una historia clínica detallada. Tu fisioterapeuta o médico traumatólogo te preguntará sobre los síntomas que experimentas, su duración, y cualquier factor que los empeore o alivie. Los síntomas típicos incluyen dolor en la espalda baja o el cuello, que puede irradiar hacia las piernas o los brazos, respectivamente, aunque puede variar según la localización de la hernia. También debilidad muscular, entumecimiento o sensaciones de hormigueo.

A continuación, se realizará un examen físico. Durante este examen, se evaluará la postura, el rango de movimiento y cualquier signo de debilidad muscular o pérdida de reflejos. Estos hallazgos ayudan a determinar la localización y la severidad de la hernia.

Para confirmar el diagnóstico, se utilizan pruebas de imagen. Las más comunes son:

  • Resonancia Magnética (RM): Es la técnica de imagen más precisa para diagnosticar una hernia discal. Proporciona imágenes detalladas de los discos intervertebrales y puede mostrar si un disco está presionando sobre una raíz nerviosa.
  • Tomografía Computarizada (TC): Puede ser útil en casos donde la RM no está disponible o para complementar los hallazgos de la RM.
  • Radiografías: Aunque no muestran las hernias discales directamente, pueden descartar otras causas de dolor, como fracturas o deformidades óseas.
  • Electromiografía (EMG) y Estudios de Conducción Nerviosa: Estas pruebas miden la actividad eléctrica en los músculos y nervios y pueden ayudar a determinar la afectación del nervio. 

Tratamiento de la Hernia Discal: La eficacia de la fisioterapia

El tratamiento de una hernia discal puede variar según el tipo/localización de la hernia, la gravedad de los síntomas y la respuesta al tratamiento. La fisioterapia se destaca como una de las opciones más efectivas. Aquí te explicamos cómo puede ayudarte:

  1. Evaluación y plan de tratamiento personalizado: Un fisioterapeuta especializado realizará una evaluación exhaustiva para determinar el origen del dolor y diseñar un plan de tratamiento personalizado.
  2. Ejercicios de fortalecimiento y flexibilidad: Los ejercicios específicos ayudan a fortalecer los músculos que soportan la columna vertebral y mejoran la flexibilidad, reduciendo la presión sobre el disco herniado.
  3. Terapia manual: Las técnicas de terapia manual, como la movilización articular y el masaje, pueden aliviar el dolor, mejorar la movilidad y reducir la inflamación.
  4. Educación postural: Educar al cuerpo para que pueda mantener una postura corporal ergonómica y cómoda. Crucial para evitar la recurrencia de los síntomas en la lesión por hernia discal. 
  5. Modalidades de tratamiento: El uso de calor, electroterapia y ultrasonido puede ser beneficioso para reducir el dolor y la inflamación. No servirán de mucho si lo usamos como base de tratamiento, sin ejercicio terapéutico de por medio. 
  6. Prevención: Prevención de futuras lesiones mediante la mejora de la fuerza, flexibilidad y postura.

Cuándo Considerar la Cirugía

Hay casos en los que la cirugía puede ser necesaria para tratar una hernia discal, y es importante saber cuándo considerar esta opción. Primero, es fundamental entender que la cirugía para una hernia discal no es la primera línea de tratamiento. Generalmente, se recurre a ella después de haber agotado otros métodos menos invasivos, como la fisioterapia, métodos anti inflamatorios y las inyecciones epidurales de esteroides. Si después de varios meses de tratamiento conservador no se ha logrado un alivio significativo del dolor o mejora en la movilidad, entonces puede ser el momento de evaluar la opción quirúrgica, si así lo considera el traumatólogo. 

Un criterio crucial para considerar la cirugía es la intensidad y persistencia del dolor. Si el dolor es severo, incapacitante y no responde a otros tratamientos, la cirugía puede ofrecer un alivio más rápido y duradero. Además, si la hernia discal está causando debilidad muscular significativa, entumecimiento o problemas para controlar la vejiga o el intestino, la cirugía puede ser necesaria con urgencia. Estos síntomas pueden indicar una compresión nerviosa severa, lo que constituye una emergencia médica que requiere intervención quirúrgica para prevenir daños permanentes. En este caso, sería necesario acudir con urgencia al médico

La decisión de optar por la cirugía también depende de factores como la calidad de vida de la persona, la edad u otras enfermedades o lesiones. Si el dolor y los síntomas de la hernia discal están afectando gravemente a las actividades diarias, a la capacidad para trabajar o para disfrutar de actividades recreativas, la cirugía puede ser una opción a considerar para mejorar el bienestar general y la calidad de vida. Es esencial discutir con el médico y el fisioterapeuta sobre cómo los síntomas están impactando tu vida y evaluar juntos las opciones disponibles.

En última instancia, la cirugía para una hernia discal debe ser una decisión tomada cuidadosamente, basándose en una evaluación exhaustiva de tus síntomas, tu respuesta al tratamiento conservador y tus objetivos personales de salud y calidad de vida. La colaboración con profesionales de la salud, incluidos tus fisioterapeutas y médicos, es crucial para tomar la mejor decisión para tu situación específica.

En resumen, una hernia discal es una afección tratable y, con el enfoque adecuado, puedes recuperar tu calidad de vida. La fisioterapia juega un papel crucial en el tratamiento y la prevención de esta condición, proporcionando alivio del dolor, mejorando la función y previniendo futuras lesiones. Si estás lidiando con una hernia discal, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en Fisiocool para recibir una atención personalizada y efectiva. ¡Tu bienestar es nuestra prioridad!

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